Relatos sin terminar...

jueves, 23 de junio de 2016




«La recordó una mañana de Enero.  Los pájaros cantaban, y parecía casi que el viento susurraba su nombre. El aire era cálido y por un momento, él pensó que eran sus caricias.  Solía recordarla en días soleados, en los que las personas cantan y los animales bailan. Cuando todo está en paz. Solía odiarla en los crudos inviernos, cuando su ausencia se hacía más intensa que nunca. Pero era en los días como aquel, cálido y tranquilo, que sentía que la amaba más que nunca. Aunque se hubiera ido. Aunque lo hubiera herido.

Le escribió muchas cartas, preguntando muchas cosas. Le escribió poemas y compuso canciones. Le cantó mil veces, le lloro el doble. Le escribió preguntando sí era feliz, sí la vida la trataba bien. Sí lo extrañaba tanto como él a ella. Le dijo que su vida no era la misma, le contó secretos y confió deseos. Le dijo sus anhelos y sus más grandes miedos.

Nunca tuvo alguna respuesta. Ni una palabra, ni un adiós. Sí lo seguía amando, sólo lo supo Dios».

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